Reflexiones sobre Fast fashion: comprar más, usar menos.

Desde hace algunos años, en el paradigma de la moda nos encontramos con un nuevo modelo empresarial conocido como Fast fashion: se trata de comercializar las últimas tendencias de moda, pero diseñadas y fabricadas de una forma rápida y a bajo costo.


La ventaja competitiva de este modelo de negocio "aparentemente" reside en el consumidor, ya que le permite acceder a prendas novedosas a precios asequibles, ofreciendo una media de 50 colecciones al año, en contraposición a las tradicionales colecciones de primavera/verano y otoño/invierno. Pero...¿qué pasa con el trabajador? ¿Y con los productores minoristas? ¿Y con el medio ambiente?


Esta forma de producción acelerada supone una pérdida de ética y de derechos en las condiciones de los trabajadores, con el único fin de maximizar unos beneficios económicos ya de por sí, elevados para la industria de la moda (no de los pequeños negocios). El documental 'The True Cost' ( Andrew Morgan, 2015), que explora los perjuicios del fast fashion, revela que en el mundo hay 75 millones de personas trabajan actualmente en esta industria y 80 por ciento de ellas son mujeres de entre 18 y 24 años. , ganando dos dólares al día y bajo condiciones de trabajo inhumanas. En este sentido cabe destacar el hecho de que apenas existen fábricas que produzcan en Europa, casi todas han sido trasladadas a países donde no hay garantías laborales, y eso nos lleva a replantearnos qué es lo que ocurre con los productores locales.


“A una trabajadora de la confección, le toma 18 meses ganar lo que el CEO de una marca de ropa gana durante el almuerzo”, (Forbes, revista especializada en el mundo de los negocios y las finanzas)




Los bajos precios en los que se sustenta la industria fast fashion (consecuencia directa de la baja calidad de los productos) son uno de los problemas principales de los pequeños productores o comercios minoristas, ya que si sacamos cuentas a grosso modo, en insostenible que un diseñador de moda que trabaja artesanalmente (pagando sueldos dignos a sus trabajadores en caso de que los tenga) pueda cobrar 2.99€ por una camiseta que le haya costado como mínimo una jornada de trabajo y además, con unas materiales de buena calidad.


Por otro lado está el medio ambiente, un gran afectado del consumo de usar y tirar. Algunos datos para hacernos una idea del impacto medioambiental que esto genera:


  1. En España, cada persona genera 14 kilos de residuos textiles al año.

  2. Para hacer 1kg de algodón son necesarios más de 1.000 litros de agua y 1kg de químicos . Solo el cultivo de algodón usa el 22,5% de los insecticidas consumidos globalmente .

  3. La industria de la moda es responsable del 20% de las aguas residuales que se generan a nivel mundial y es responsable del 10% de las emisiones de dióxido de carbono que se emiten a la atmósfera.

  4. El teñido textil, es el segundo mayor contaminante de agua limpia a nivel mundial.


Por todas estas razones y muchas más que no nos paramos a analizar aquí, en 2007 Kate Fletcher, profesora de Sostenibilidad, Diseño y Moda en el ‘Centre for Sustainable Fashion’ en Londres, introdujo el término "Slow Fashion" concepto que promueve la transparencia de los procesos de producción, de manera que el consumidor sepa quién, dónde y en qué condiciones se ha elaborado la ropa que lleva.

La filosofía de la Slow Fashion adopta los principios del movimiento Slow Food que son: Bueno, Limpio y Justo. Hablamos de una moda hecha con productos de calidad, buscando el mínimo impacto en el entorno y asegurando la dignidad de las personas en toda la cadena productiva. De esta manera se promueven productos locales y tejidos ecológicos; una moda sostenible basada en tres pilares básicos: medio ambiente, sociedad y economía.


A continuación te dejamos un directorio de comercios de proximidad que siguen esta filosofía de moda sostenible: https://www.slowshoppingspain.com/